
Una vez más lo confirma la propia FIFA en su sitio web oficial. Sin embargo al ver la información el periodista que trabaja en la organización fue bien flojo pues sacó y transcribió la historia del wikipedia -qué vergüenza . Bueno, el asunto es que no existen dudas que el Cacique es el cuadro más ganador de Chile y único equipo chileno que ha ganado la Copa Libertadores, etc y mil etc.
Como no pienso colocar la historia del Albo -pensamiento FIFA- voy a dejar otro artículo mucho mejor que hace algún tiempo atrás realizó el periodista Enrique Ramírez Capello:
Colo Colo es éxtasis de sábado y domingo.

Delirio en el Estadio Monumental, en la zona en que viejos obreros picaban piedras. Y frente a los televisores, ventanilla abierta a la alegría en los barrios.
Botella descorchada en la cancha de tierra de la población Nueva Esperanza de Puente Alto, que sigue a El Papillón Chileno, su cacique. Y en el encanto de los pescadores de Iquique, Valparaíso, Talcahuano y Castro.
Esperanza en El Morro, en La Portada, en las iglesias serenenses, en los cerros porteños. Entre los huasos de Dohiñue, Curicó, Talca y Linares. Sonrisa para toda la semana en penquistas, temuquenses y valdivianos. Rayo de sol en el archipiélago de Chiloé, en Punta Arenas y en la Antártica.
Sinónimo de triunfo. El equipo de fútbol con más títulos en las competencias nacionales.
Y ahora, una nueva explosión de Colo Colo, fundado por los hermanos Arellano y que desde siempre nació como eterno campeón.
El equipo bautizado con el nombre de un viejo cacique que cantó Alonso de Ercilla, sabe mucho más de victorias que de derrotas.
Sufrido en esos años de quiebra, en que llegaron caballeros almidonados, empresarios con vocación de primera página y políticos ávidos de irrenunciable figuración, como un síndico y el directorio de una Sociedad Anónima.
La mayoría de ellos, por razones obvias, no interpretaron el fervor de la añosa lavandera de La Legua, del albañil de La Victoria, del payador de Pirque o del chofer de taxi de Conchalí.
Destrozaron los anhelos del pirquinero de Andacollo, del artesano de Monte Patria, del corralero de Rancagua y del tripulante de barcos mercantes.
“DE ARICA A MAGALLANES...”
Pero el fútbol está escrito en las ásperas minas del cobre o las extinguidas del carbón. En la húmeda soledad de las poblaciones periféricas. Pore eso, Colo Colo siguió siendo grande, siguió siendo pueblo.
En las poblaciones, primero se aprende a decir ´Colo Colo´. Después, ´mamá´.
En el hirviente estadio Monumental se grita que Colo Colo es Chile. Y claro que lo es, como lo es también la madre que ama y perdona, el albañil que se levanta de madrugada para asegurar la comida de sus siete hijos, el economista que estudia rumbos coherentes y honrados, el empresario justo, el profesor que no miente, el alumno que no copia, el periodista que no se torna lacayo por un sueldo miserable, el mecánico que no adultera piezas de automóviles.
Porque Colo Colo es grito chileno, semillero que crece en los barrios alejados del centro, pelota de trapo revestida con una media rota que le robamos a la mamá. Colo Colo es eso, y más que eso. Es esperanza de grandes, sueño de niños, ilusión que acaricia el niño pobre en su cama hecha de cartones antes de dormirse.
Cuando juega en la Copa Libertadores o gana un título como el de esta tarde, palpitan carniceros, pescadores y empleados. La bandera es entonces blanca, como la de los panaderos. Y en lugar de estrella, un indio.
Equipo carismático. Propio de la idiosincrasia chilena. Los niños sienten que es una escuela, algo desertora, pero escuela al fin y al cabo.
La multitud sigue con pleitesía a Colo Colo. En los gritos delirantes de la Garra Blanca, en la identificación algo irracional del pueblo con el equipo de fútbol.
Los jugadores que visten su casaquilla alba cautivan a los fanáticos. Son mitos, leyendas vivientes, portadas de diarios y revistas. Invitados a programas estelares de la televisión. En Santiago Sur, Curicó o Chiloé los niños harapientos no quieren ser médicos ni parlamentarios. Sueñan con vestir esa camiseta blanca, sueñan con ser campeones y dar una vuelta olímpica en el Monumental. Como la que hoy han dado Lucas Barrios, Arturo Sanhueza, el ´Tigre´ Muñoz y todos los que han bajado esta estrella número 28 para colgarla en el pendón victorioso del Cacique.